El infarto es un evento agudo ocasionado por el daño crónico a las arterias del corazón. Pudieras padecer riesgos de un infarto, sin ver ni tener síntomas. Por ello, es importante tener revisiones periódicas con el cardiólogo, pues en ellas puedes detectar y tratar enfermedades de las cuales no tenías conocimiento o controlar las que ya conocías; y con esto, disminuir el riesgo de padecer un infarto.

La revisión periódica consiste en acudir con el cardiólogo especialista a consultas preventivas. Es aconsejable que a partir de los 30 años de edad (o incluso si tienes menos de 30 años de edad, pues actualmente se dan infartos en jóvenes menores) realices controles clínicos y/o cardiológicos periódicamente. En estas revisiones periódicas, el cardiólogo te toma estudios como el ecocardiograma, y el electrocardiograma de reposo y/o de fuerza, o en ocasiones una ergometría para evaluar el riesgo global del paciente. Luego, de acuerdo a los resultados, se avanza o no con estudios de mayor complejidad, dependiendo de la situación de cada paciente.

En esta etapa preventiva, el cardiólogo se focaliza en identificar si estás dentro de los parámetros que denominamos riesgosos (saber si tienes factores de riesgo de infarto), para luego hacer hincapié en la recomendación de medidas para cada paciente según su caso específico y si te será posible modificar algunos factores de riesgo de infarto o monitorear los factores no modificables de riesgo. Te explicamos a continuación, cuáles son los factores no modificables de riesgo de infarto y los factores modificables de riesgo de infarto.

Factores no modificables:

  • Edad: Hombres mayores de 40 años / Mujeres post menopausia.
  •  

  • Genética: Antecedentes de infartos en tu familia.
  •  

  • Género: Más hombres que mujeres antes de los 60 años, después se iguala.

Factores modificables:

  • Diabetes mellitus.
  • Hipertensión arterial.
  • Colesterol elevado.
  • Triglicéridos elevados.
  • No hacer ejercicio cardiovascular.
  • Alimentación rica en grasas, carbohidratos y azúcares.
  • Roncar en exceso (síndrome de apnea obstructiva del sueño).
  • Exceso de alcohol.
  • Estrés.

Debes tomar en cuenta que, dado nuestro actual estilo de vida de nuestra sociedad (estrés, hábitos alimenticios, falta de ejercicio) hay pacientes que pueden llegar a tener un infarto incluso sin tener alguno de los factores de riesgo mencionados.
Es importante que, si en algún momento llegas a tener un dolor de pecho, acudas de inmediato a ser valorado por un cardiólogo, para descartar una patología o una enfermedad que ponga en riesgo tu vida.